Estamos muy acostumbrados a escuchar que la crisis económica que vivimos se debe a la dictadura de los mercados y a la expansión del liberalismo. Se nos dice incluso que los Estados han desaparecido. Esta idea de que los mercados imponen dictaduras sobre los gobiernos es absolutamente falsa. Eso que se llama los mercados, tiene que ser parecido a los mercados que más o menos conocemos. Todo el mundo ha estado alguna vez en un mercado, aunque sea el mercadillo de un pueblo o una tienda. Más o menos sabemos lo que son los mercados. La característica fundamental de los mercados es que los tratos y contratos son libres, no te pueden obligar a pagar. Tienes que estar dispuesto a pagar a cambio de algo que alguien te da. Ningún mercado obliga, los mercados se definen porque son libres. Los que obligan son los gobiernos. La política es capaz de obligar, es más, es la única capaz de obligar a que la gente le entregue su dinero aunque la gente no quiera. Y la idea de que el Estado se ha reducido, es otra falsedad. Esto se repite una y otra vez, pero no por ello deja de ser mentira. Hay gente que dice que lo que nos ha pasado en los últimos tiempos es que hemos vivido una expansión extraordinaria de la libertad y un retroceso extraordinario de la coacción estatal. Esto además es fácil descubrir que no es verdad, ya que no es una información recóndita, misteriosa y al alcance de solo un puñado de expertos y elegidos. La información sobre el peso del Estado, es pública. Entre otras cosas está hecha por esos mismos Estados que según algunos están adelgazando al borde de la anorexia. Uno puede entrar en sus páginas web, entrar en sus presupuestos, abrir un periódico, hacer cualquier búsqueda elemental y simplemente mirar qué pasó con los Estados durante las últimas décadas. Ninguno, en ningún país del mundo se redujo. Por ejemplo en España el crecimiento del Estado ha sido espectacular. Pero además de ser una idea falsamente verificable y al alcance de todos, esta es una idea peligrosa. Si lo que decimos es que nuestra situación es terriblemente mala porque el Estado se ha reducido, la conclusión es que la gran solución para nuestros problemas es que el Estado aumente. A partir de ahí viene la coacción.
jueves, 9 de junio de 2011
martes, 7 de junio de 2011
Ajustes
Asociamos la crisis con la idea del ajuste. Todo el mundo habla de que hay que ajustar. Esto es correcto, pero hay que aclarar muy bien las ideas. Lo primero que hay que decir es que el ajuste del sector privado ya se ha hecho y se ve tanto en las cifras del paro como en las empresas que han cerrado. La estadística del año 2009 es tan terrible, que prácticamente no hay antecedentes en la historia registrada de nuestro país de un ajuste así, de una subida del desempleo tan pronunciada, de una actividad económica así ¿Por qué tuvo lugar este ajuste? Porque se pinchó la burbuja. La burbuja creada por los Bancos Centrales y estimulada por las autoridades de todo el mundo, llegó un momento en el que era insostenible. Se hace insostenible, estalla y descarga todo su peso sobre el sector privado. Cuando la economía española vuelva a crecer, que volverá a crecer, este crecimiento va a ser sobre todo gracias a ese ajuste que ha hecho el sector privado. Tiene mucho mérito y hay que reconocerle ese mérito y ese gran sacrificio que ha hecho en primer lugar los trabajadores y en segundo lugar los empresarios. Pero el ajuste no es solo privado, también tiene que ser público y ahí echo mucho de menos una disciplina que el sector público no ha tenido en nuestro país. Y no es que no lo haya tenido ahora, no lo ha tenido nunca. Si miramos la larga etapa de expansión, vamos a ver que el gasto público tendió a crecer sistemáticamente más que lo que crecía la economía. Esto satisfizo mucho a los políticos, que se tranquilizaron porque no había déficit. El déficit se fue reduciendo e incluso al final de la etapa de la burbuja hubo superávit. Pero el problema fue que el gasto público opera como esas ruedas dentadas, que giran muy bien en una dirección y con mucha dificultad en la otra. Por eso cuando estallan las cifras de la Hacienda Pública, los gobiernos se encuentran desconcertados, porque no saben qué hacer. No saben cómo reducir ese gasto público. De ahí que desesperados, intenten medidas como la reducción del sueldo de los funcionarios, la congelación de las pensiones o la reducción de la inversión pública. Si uno mira estos capítulos en dónde se va a contener el gasto público, uno podría argumentar que o no es justo o no es eficiente. Pero claro, tiene mucha dificultad reducir el gasto público. Quizás lo correcto hubiese sido plantear un ajuste de carácter general. No discriminar entre castigar a unos o castigar a otros, lo correcto hubiese sido plantear por ejemplo una reducción del gasto público en un 10% en todos los capítulos. Esto por un lado, y lo otro, lo que no hay que hacer nunca es subir los impuestos. Primero porque no hay que subirlos nunca, pero sobre todo no hay que subirlos en una época de crisis, que es precisamente cuando la economía está más golpeada, cuando más necesitan los trabajadores y los empresarios toda su capacidad para recuperar el crecimiento. Muchas veces se nos dice que el Estado tiene que subir los impuestos para aumentar la recaudación. Esto es bastante dudoso. En primer lugar puede ser que el Estado aumente la recaudación a corto plazo, pero a largo plazo disminuya. Esto es así porque los impuestos tienen consecuencias. Uno no puede esperar que el Estado imponga un impuesto o suba un impuesto y que no pase nada. Pueden pasar muchas cosas que impacten negativamente en la recaudación. Por ejemplo que la gente se escape. O por ejemplo que la economía decrezca y al final el conjunto de la recaudación disminuya. Por lo tanto en el caso del gasto público al igual que en el de los impuestos, el ajuste hecho por el sector público ha sido insuficiente y equivocado.
lunes, 6 de junio de 2011
Falsedades sobre la crisis
viernes, 3 de junio de 2011
Ver o no ver venir la crisis
Hay un latiguillo muy repetido por algunos, empezando por el gobierno, que es el siguiente: nadie dijo en su momento que existía una crisis, ningún economista la supo ver. Hay que distinguir algo: nadie sabía -o muy pocos- cuando la burbuja iba a explotar. Pero que había una burbuja que se estaba inflando, que los gastos del señor Solbes y del Presidente Rodríguez estaban creciendo a 5000-6000-7000 millones de euros año tras año, tras año… eso lo hemos criticado muchos. Una cuestión es el timing del proceso y otra cosa es que el proceso estaba teniendo lugar. Por tanto: decir la fecha exacta de la explosión de la burbuja no se podía, pero que había una burbuja que se estaba inflando ¿Quién no lo sabía? Había que estar ciego para no verlo.
jueves, 2 de junio de 2011
El Financial Times y España
No deja de ser curioso que el Financial Times diga que no hay que adelantar las elecciones en España. Estamos en un momento en el que tenemos un debate nacional sobre si se deben convocar elecciones ya, o si hay que aguantar la legislatura. Y en esto aparece un diario extranjero a decir de forma clara y rotunda que las elecciones municipales y autonómicas que ha ganado el PP no representan una pérdida atroz de legitimidad para el gobierno y que por tanto se debe agotar la legislatura ya que es lo bueno para España y para la economía española. Yo creo que esto es tan falso como la teoría contraria: la de que necesariamente tiene que haber elecciones ya para solucionar la situación. Ni agotar la legislatura resuelve la situación, ni tampoco convocar elecciones ya tiene por qué solucionarla. Lo que soluciona la situación son unas reformas profundas y rápidas. Lo más rápidas posibles y no lo que hemos estado viviendo hasta ahora.
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