jueves, 17 de mayo de 2012

Credibilidad y Krugman



 


La palabra credibilidad es la clave de todo. Supongamos que yo soy un alemán y llego a España. Siendo un tipo que no se fía mucho de estos países mediterráneos pregunto: oiga ¿Como está aquí el asunto este de las Comunidades Autónomas  que nosotros ya nos estamos enterando que es una piedra en el zapato que tienen  ustedes? Y resulta que me dicen: No se preocupe. Mire, esta Comunidad Autónoma me ha dicho que prevé un aumento de sus ingresos de tanto y una rebaja de sus gastos de 600 millones.  La otra me ha dicho tal cosa…  y al final me dan las cifras que ha dado Cristóbal Montoro, que son 18349 millones, que van en una reducción de 13071 millones en gasto y un aumento de 5278 millones en ingresos.  La cuestión ahora es: suponiendo que yo me fío de que nadie ha falseado ninguna de esas dos cifras,  suponiendo que nadie a última hora, en el último momento  - como al parecer ha ocurrido con alguna  Comunidad Autónoma a la que no se le quería aprobar el plan-  se ha levantado de la mesa y ha dicho, venga 500 millones más de recorte, suponiendo que aquello no está hecho de aquella manera, la cuestión sobre todo es:  ¿Cómo se yo que aciertan en esos ingresos previstos y en que van a lograr reducir los gastos en esa cuantía? ¿Cómo y quién me asegura a mi esto? La clave ahora mismo para los mercados es el caso paradigmático de otra Comunidad que como suele estar mal vista porque representa eso que llaman el centralismo, no se habla.  Pero es una Comunidad que ha cumplido en 2011. Que ha presentado unos Presupuestos que cumplían con lo exigido por el gobierno en 2012 y ha dicho y ahora más.  Va a modificar a la baja sus Presupuestos ya presentados para 2012. Y es la única que habiendo cumplido sigue.  Eso es lo que da credibilidad.  La cuestión por tanto está en los gobiernos locales , que son justamente de quiénes más sospechan debido fundamentalmente a que ha caído la fuente fundamental de sus ingresos, que era el lado del ladrillo.  Supongamos que yo me creo lo que dicen los gobiernos. El problema es qué credibilidad damos a quiénes nos tienen que prestar dinero, que son millones de personas.  Además unos circulan por la izquierda, otros por la derecha, otros van a positivo,  otros a negativo…  y en ese momento la cuestión es: desmantelamiento de las estructuras y gasto. Y lo que está haciendo este gobierno no es convincente para devolver esa credibilidad.  Por el lado del gasto es verdad que se están haciendo cosas,  pero justamente no se han sentado exactamente a decidir: oiga, cuánto hay que reducir aquí el peso, el tamaño y las cosas que tiene que hacer la Administración.  Sea local, sea provincial, sea autonómica  o sea central. Me da igual ¿Qué es lo que tenemos que hacer?  Eso supone ¿Cuánto? Un 30, un 33, un 35% del PIB.  Pues eso, tenemos que bajar del 44- 45%  en el que estamos, al 35% y hacerlo en un solo año. Eso sería creíble. Eso respecto al gasto. Y lo malo es que Rajoy está haciendo recortes y está diciéndonos a todos, a nosotros y también a los de fuera, que los hace con todo el dolor de su corazón.  Es y sigue siendo obsceno que existan duplicidades. Aceptar que haya duplicidades  en un país con el dinero que se le quita de sus bolsillos a los individuos que se esfuerzan por trabajar y tener ideas es obsceno como digo. Debería estar perseguido por la ley ¿Qué hay que cambiar en las estructuras? Es que seguimos con el mismo sistema autonómico, no se ha planteado absolutamente nada.  Por poner un ejemplo: hay dos anomalías extemporáneas que son Navarra y el País Vasco.  Tienen unos Fueros y no aportan igual al Estado y se benefician continuamente.  O hacemos la estructura para todos igual o vamos mal. Cataluña quiere que se extienda la situación navarra y vasca, pero entonces estamos cambiando todo el modelo.  Y por cierto, el cambio de modelo de Estado a un modelo de Estado Federal en el cual cada uno aporta al Estado Central lo que considere oportuno y luego cada uno maneja sus ingresos y sus gastos, no es un cambio que necesariamente fuera a suponer un ahorro, una mejora o una supresión de las necesidades que los políticos van a tener.  Por tanto, deberíamos hacer algo en este tema, porque lo que no podemos hacer es mantener cosas extemporáneas.  Y hay que hablar también de lo dicho por Krugman sobre España. Para que la gente empiece a desmitificar lo de los Premios Nobel, yo les invito a que recuerden que “la gloriosa” Rigoberta Menchú era Premio Nobel. Que el líder terrorista Yasser Arafat era Premio Nobel… en economía no pasa tanto.  Pero recuerdo que Gunnar Myrdal: artífice de la pobreza universal,  crítico del sistema de librecambio en el sentido de pensar que este sistema extendía la pobreza a los países del Tercer Mundo, era Premio Nobel.  Por tanto, el hecho de que Krugman sea Premio Nobel no debería impresionar a nadie. Paul Krugman es un individuo irresponsable en lo que dice. Invito a que se lea el que yo creo que es su libro más influyente: “Geografía y comercio”. Ahí Krugman hace una alabanza a la autarquía.  Es decir, lo que Krugman dice es que cada país debe de retirarse del mercado internacional.  Es decir, reformula las viejas teorías mercantilistas del siglo XVII-XVIII.  Krugman reconstruye una vieja intuición que fue el mayor obstáculo al crecimiento económico.  Pero al mismo tiempo que hace eso, predica libre comercio.  Krugman es un tipo que viene a España  y le dice al entonces Presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero que lo que necesita España es una devaluación interna.  Tiene razón.  Es decir, necesitamos una bajada interna de precios para adecuar los niveles de productividad a los costes unitarios del trabajo, con los niveles internacionales.  Pero luego sale y lo que dice es que hay que expandir la oferta monetaria, poner a Keynes en funcionamiento.  Realmente el problema de Krugman es su irresponsabilidad. Y además Krugman no es un caso aislado. La prensa anglosajona está tratando el caso español con una especie de desprecio de país que no puede, no quiere o no sabe hacer una serie de reformas.  Hay una grave injusticia avalada por voces prestigiosas como la de Krugman. No le hagamos caso.

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